EN EL CUARTEL
La bandera de España, arriada. Las autoridades navarras,
presididas por el presidente foral Miguel Sanz, así
como los ministros del Interior, Jaime Mayor Oreja, y de
Defensa, Federico Trillo, llegaron al cuartel de Aizoáin
justo cuando se iba a proceder a arriar la bandera de España.
Todos presenciaron este acto militar cotidiano, que fue
seguido con el toque de oración. Está previsto
que el cuartel declare luto.
De Zumaya a Berriozar. Fueron una veintena de medios los
que se dieron cita en el acuartelamiento militar. Entre
ellos, unidades móviles de varias televisiones que
se habían recibido órdenes de desplazarse
desde Zumaya a Berriozar nada más conocer la noticia
del nuevo atentado.
Hijos de Tomás Caballero.
Tres hijos del último asesinado por ETA en Navarra,
el concejal regionalista Tomás Caballero, quisieron
acercarse hasta el cuartel militar para dar el pésame
a la familia de Francisco Casanova. Fueron Tomás,
Ana y José Carlos. Su hijo mayor, Javier, presidente
del colegio de abogados, ya se había manifestado
públicamente pidiendo el ánimo y apoyo de
todos los ciudadanos para la viuda, hijos y padres del militar.
Cuatro horas en el Anatómico.
El cadáver de Francisco Casanova permaneció
desde las 6 de la tarde hasta la diez de la noche en el
Instituto Anatómico Forense de Navarra. Allí
se le practicó la autopsia y se preparó el
cadáver para ser trasladado al acuartelamiento de
Aizoáin.
El féretro, a hombros de ocho compañeros.
Los restos mortales de Francisco Casanova fueron portados
a hombros por ocho compañeros, ataviados con el uniforme
militar, desde la entrada del cuartel hasta la capilla ardiente.
El féretro estaba
cubierto una bandera española. En el interior del
recinto le esperaba la familia. Las autoridades esperaron
a que el cadáver estuviera ya instalado para acceder
al oratorio.
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| El arzobispo
Sebastián consuela a Anunciación, la
madre del militar asesinado |
Funerales
y entierro del militar.
Los funerales se celebrarán hoy a las doce
y media del mediodía en el recinto militar de Aizoáin.
Los presidirá el arzobispo de Pamplona, Fernando
Sebastián. Se llamó al arzobispo militar,
José Manuel Estepa, pero al encontrarse fuera de
España, la familia pidió a Fernando Sebastián
que los oficiara.
Tras la misa, el cadáver del subteniente del Ejército
de Tierra Francisco Casanova Vicente será trasladado
a Castejón. Sus restos reposarán en el cementerio
de la localidad ribera en la que se crió y donde
siguen viviendo sus padres.
Los ministros de
Defensa e Interior y diversas autoridades acompañaron
a la familia
DDN. AIZOÁIN.
Con honores militares.
Así recibieron ayer los residentes del acuartelamiento
de Aizoáin los restos mortales de su compañero
Francisco Casanova Vicente, asesinado por ETA en Berriozar.
Las principales autoridades navarras, los ministros del
Interior y de Defensa, y autoridades militares quisieron
acompañar a la familia del subteniente fallecido
en tan duros momentos. La capilla ardiente fue instalada
en el edificio religioso del acuartelamiento a últimas
horas de la tarde de ayer para que los más allegados
de la última víctima de ETA pudieran despedirse
de él en la más estricta intimidad.
El coche fúnebre
que transportaba los restos del subteniente Francisco Casanova,
asesinado por ETA ayer por la tarde en el garaje de su casa
en Berriozar, llegaron al acuartelamiento de Aizoáin
a las diez en punto de la noche. En la puerta principal
esperaban los ministros del Interior, Jaime Mayor Oreja,
y de Defensa, Federico Trillo, acompañados por las
principales autoridades de la Comunidad foral, con el presidente
Miguel Sanz a la cabeza.
Ocho miembros del acuartelamiento
cargaron a hombros el féretro, cubierto por una bandera
española, y se dirigieron hacia la capilla del recinto
militar. Los padres y la viuda del fallecido siguieron al
féretro acompañados de amigos y familiares.
A los allegados siguió la comitiva de autoridades,
que fue la última en entrar en la capilla militar.Por
expreso deseo de la familia, la capilla ardiente permaneció
cerrada a los medios de comunicación. Cuando el féretro
fue colocado en la capilla, el arzobispo de Pamplona, Fernando
Sebastián, pronunció un responso por el fallecido.
Las autoridades pasaron entonces a dar el pésame
a la familia y fueron marchándose del recinto militar.
La viuda y los padres de
Francisco Casanova permanecían en la capilla ardiente
pasadas las once de la noche, hora en que el acuartelamiento
cerró sus puertas a los asistentes civiles.
Al salir de la capilla
ardiente, el arzobispo Sebastián señaló
que «no se puede matar ni destruir la vida de nadie,
ni colaborar, ni apoyar ni conceder confianza a los que
consiguen sus propósitos matando». Tras indicar
que él mismo oficiará el funeral que se celebrará
hoy en el mismo acuartelamiento de Aizoáin, el obispo
añadió que «cuando se ve a la familia
parece más fuerte la sinrazón de estos procedimientos,
de estos hombres que pretende decidir sobre la vida y la
muerte, atropellar los derechos más sagrados de las
eprsonas, de la sociedad, para acabar imponiendo sus pretensiones
políticas». Por su parte, el ministro de Defensa,
Federico Trillo, aseguró tras mostrar su condolencia
a la viuda y la familia del fallecido que sigue siendo necesario
mantener la confianza en el Estado de Derecho y conservar
la calma ante «la brutal ofensiva de ETA, aunque estos
días resulte duro y difícil, porque es necesario
tener la convicción absoluta de que el imperio de
la ley nunca se doblegará por una banda de asesinos».
Adiós entre salvas y
manos enlazadas
Los funerales de Francisco Casanova Vicente en Aizoáin
se convirtieron en un homenaje castrense y vecinal
NAVARRA se volcó
ayer con todo su calor en la despedida de Francisco Casanova
Vicente, el subteniente asesinado por ETA en Berriozar.
La familia del fallecido pudo sentir el cariño de
sus vecinos, que se unieron en una cadena humana para despedir
al féretro tras el funeral castrense celebrado en
Aizoáin; y todo el pueblo de Castejón, localidad
en la que creció el militar, salió a la calle
en un emotivo último adiós. Las muestras de
condolencia llegaron de todas partes a la familia, que siempre
mantuvo la entereza Las instituciones y las principales
organizaciones sociales y políticas navarras hicieron
un llamamiento a toda la sociedad para que exprese hoy en
una manifestación su rechazo a los asesinos de ETA.
La cita es a las ocho de la tarde en la estación
de autobuses de Pamplona.
DDN. AIZOÁIN.
Unidos por las manos y las lagrimas, decenas de ciudadanos
de Berriozar construyeron un pasillo de honor y homenaje
a su vecino Francisco Casanova Vicente, el subteniente del
Ejército asesinado el miércoles por ETA. Fue
el momento espontáneo que cerró los funerales
que ayer se celebraron, con los máximos honores militares,
en el cuartel de Aizoáin.
Los compañeros de Francisco Casanova, quienes le
veían todos los días en las oficinas del cuartel,
honraron al subteniente asesinado con todos los recursos
del ceremonial castrense. Hicieron sonar su música
más solemne, elevaron salvas en su honor y le condecoraron
con la Cruz del Mérito Militar. Inclinaron sus enseñas
hacia su compañero muerto, le cubrieron de coronas
de flores y ofrecieron a su viuda la bandera y la boina
a las que dedicó su vida su marido.
A su lado, los vecinos de Berriozar, los que sintieron su
muerte como un golpe seco contra todo su pueblo, le ofrecieron
la espontaneidad de un gesto. Cuando el féretro salía
ya del patio del cuartel, camino del furgón que le
llevaría a Castejón, al entierro, medio centenar
de vecinos se unieron en un pasillo. Levantaron sus brazos
y fundieron sus manos. Los demás asistentes, cerca
de medio millar, aplaudieron. Y, entre la ovación,
se elevó un grito, que se repitió una, dos
y tres veces: «Aquí está el pueblo de
Berriozar».
Honores militares
Los funerales de Francisco Casanova fueron una declaración
de duelo castrense. Un pelotón del Regimiento de
Cazadores de Montaña «América 66»,
al que pertenecía el asesinado, portó el féretro,
lenta, solemnemente, al ritmo de una marcha fúnebre,
hasta el centro del patio. Le escoltaba el coronel Fernando
Sánchez Lafuente, jefe del acuartelamiento de Aizoáin.
En el patio esperaba la familia del subteniente, que había
llegado entre aplausos a las doce del mediodía, media
hora antes de que comenzara el acto. Sólo faltaban,
por deseo de su madre, los dos hijos de Francisco Casanova,
Javier, de 13 años, y Laura, de 6.
Frente a ellos, las autoridades. Por un lado, representantes
del Gobierno foral, el Parlamento y los partidos políticos.
Por otro, los máximos mandos militares, encabezados
por el ministro de Defensa, Federico Trillo, y miembros
del Estado Mayor. En el fondo del patio, frente al arzobispo
y los ocho sacerdotes que oficiaron la misa en su honor,
formaban bajo un fuerte calor seis escuadras de soldados.
Tras la ceremonia religiosa,
el recuerdo a los soldados muertos en combate se convirtió
en un homenaje a Francisco Casanova. Los portadores de los
guiones y banderines, los símbolos que distinguen
a cada compañía de Aizoáin, inclinaron
sus enseñas hacia el féretro. El ministro
Trillo y el jefe del Estado Mayor del Ejército, el
general Pardo de Santayana, colocaron una corona de flores
en el ataúd mientras la banda hacía sonar
un toque de oración. Un disparo de salvas sirvió
de último saludo.
Francisco Casanova fue entonces condecorado por la Cruz
al Mérito Militar con distintivo amarillo. Federico
Trillo la colocó en la bandera española que
cubría el féretro. El propio ministro entregó
más tarde la enseña, ya plegada, a la viuda
del subteniente asesinado. Su mujer, Rosalía Sáinz-Aja,
salió del patio con la bandera abrazada a su pecho,
entera, como durante todo el acto. Dejó Aizoáin
entre aplausos, entre el pasillo de sus vecinos, que, unidos
por las manos, honraban a Francisco Casanova y su familia.
Sebastián pide valor
para negar todo apoyo a quien no condena la muerte
«Los ciudadanos que quieran construir la paz tendrán
que tener el valor y la libertad de negar cualquier apoyo
social y político a quienes se resisten todavía
a condenar claramente estos métodos de amenaza y
muerte». Claro, alto y contundente, el arzobispo de
Pamplona, Fernando Sebastián, que ayer ofició
el funeral por Francisco Casanova, aprovechó su homilía
para llevar un mensaje de esperanza a la sociedad navarra,
a la que pidió que no se deje «intoxicar por
el veneno del odio y de la venganza».
Bajo el sol torrido del patio de armas del acuartelamiento
de Aizoáin, Sebastián abordó la difícil
tarea de sembrar «una semilla de consuelo» entre
la familia, amigos, vecinos y compañeros del militar
asesinado por ETA, que ayer compartían el dolor «de
la muerte premeditada de un hombre bueno, sencillo y pacífico».
«Los terroristas tendrán que renunciar a métodos
inhumanos y comprender que atropellando la vida de los demás
no se construye nada decente», dijo Sebastián.
«No perdamos la esperanza de que algún día
la luz de Dios llegue a iluminar sus mentes ahora cegadas
por el odio».
Entre tanto, animó a la sociedad entera a «manifestar
su más firme repulsa contra los que ejercen la violencia
como instrumento de presión y de intimidación»
y a las instituciones políticas a «trabajar
con efectividad y sin descanso» para lograr cuanto
antes «el establecimiento sólido de la paz».
Sebastián señaló que «el dolor
y la conmoción de estos atentados nos tienen que
llevar a buscar sinceramente en Dios la fuente y el modelo
de nuestros comportamientos personales». Y lanzó,
en este sentido, una crítica velada al modelo social
que se está construyendo: «En España
crece el bienestar material por todas partes, pero no crece
igualmente el reconocimiento de Dios, ni la rectitud moral,
ni aumenta en nuestra sociedad el respeto sagrado a la vida
humana»
.«Entereza
extraordinaria»
Por su parte, y tras la ceremonia, el presidente del Gobierno
de Navarra, Miguel Sanz, no ocultó su emoción:
«Es una familia extraordinaria, que mantiene una entereza
magnífica». Refiriéndose a la viuda
del subteniente asesinado, Rosalía Sáinz,
el presidente foral destacó que «estaba muy
apegada a la profesión de su marido, y en estos momentos
tan difíciles ha sabido mantener el tipo».
Miguel Sanz comentó que él mismo había
dado clases a la esposa de Casanova en Castejón hace
años, «una circunstancia que añade todavía
más emotividad» al acto celebrado ayer en el
acuartelamiento de Aizoáin.
Por otra parte, Miguel Sanz no olvidó hacer un llamamiento
a la sociedad navarra: «La calle debe estar tomada
por quienes creen en la libertad y en la democracia»,
dijo, y para ello es necesario «aislar y repudiar»
a los violentos y a quienes les apoyan.
AUTORIDADES CIVILES Y MILITARES
Gobierno y Parlamento: acudieron el presidente, Miguel Sanz,
el vicepresidente, Rafael Gurrea, y los consejeros Ayesa,
Palacios, Iribarren e Iturriagagoitia. El presidente del
Parlamento, José Luis Castejón, acompañó
a los representantes parlamentarios de UPN, PSN, IU y CDN.
Entre otras personalidades, acudieron los rectores de las
dos universidades, José María Bastero y Antonio
Pérez Prados; el presidente de la Cámara de
Comptos, Luis Muñoz Garde; el presidente de la patronal
navarra, José Manuel Ayesa; el secretario general
de la UGT, Juan Antonio Cabrero; los diputados y senadores
Jaime Ignacio del Burgo, Eva Gorri y Carlos Chivite.
Oficiantes del funeral: junto al arzobispo Fernando Sebastián
oficiaron Ramón Susín Alcubierre, vicario
de la región militar, en representación del
arzobispo castrense, José María Estepa; Luis
Oroz, vicario interino de Aizoáin y deán de
la Catedral de Pamplona; Peio Obregozo, secretario del arzobispado;
Santiago Quemada y Jesús Jiménez, sacerdotes
de Castejón; José Luis Belloso, ex capellán
del cuartel de Aizoáin; Domingo Urtasun, párroco
de Berriozar; y Jesús Labari, párroco de San
Lorenzo.
Autoridades militares: Acompañaron al ministro de
Defensa, Federico Trillo, el Jefe del Estado Mayor del Ejército,
general Alfonso Pardo de Santayana; el Jefe del Estado Mayor
de la Defensa, general Santiago Valderas; el Jefe de la
Fuerza de Maniobra, general Lara Cimadevilla; el Jefe Militar
de la región, general Valenzuela; el Jefe de la Región
Aérea de Levante, general Lombo; el Jefe de las Brigadas
de Montaña, general Tomé; el 2º Jefe
de la Fuerza de Maniobra, general Palacios; y el Comandante
Militar de Navarra, general García Soriano.